El president que propone imaginar

La tarde calurosa pero agradable, las mesas preparadas para un tardeo posterior, los invitados con esa catalana elegancia informal y, ya dentro, las sillas distribuidas por zonas de colores en el gótico civil del Museu Marítim ya hacían presagiar que Salvador Illa no iba a bajar al barro.Seguir leyendo...

El president que propone imaginar
La tarde calurosa pero agradable, las mesas preparadas para un tardeo posterior, los invitados con esa catalana elegancia informal y, ya dentro, las sillas distribuidas por zonas de colores en el gótico civil del Museu Marítim ya hacían presagiar que Salvador Illa no iba a bajar al barro.

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