El síndrome del caracol

Estos días no hay mejor compañía que el aire acondicionado

El síndrome del caracol
Nos hemos convertido en seres sudantes. Y eso no nos hace, precisamente, personas más seductoras o más agradables. A partir de media mañana, andar por la calle es verse rodeado de almas aturdidas por el calor, húmedas y brillantes. La sensación de levantarse de una silla y tener el traje mojado o quitarse la mochila y comprobar que la parte trasera está húmeda es francamente poco grata. Sorprende que, a estas alturas, todavía haya quien pueda pasear con americana y zapatos. Y paso vergüenza si, en algún momento, me cruzo con alguien que quiere darme dos besos o un abrazo... Nada más lejos de mi intención que tocar a una persona sudada.

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