Gritar no es convencer

La ironía inteligente es más eficaz que el insulto asilvestrado que observamos en el Congreso

Gritar no es convencer
Cuando las sesiones en la Cámara de los Comunes no eran televisadas en directo, acudí muchos martes y jueves a las preguntas al primer ministro. Un colega británico me decía que era el mejor teatro de Londres. Por las encarnizadas batallas dialécticas, la ironía, el sarcasmo y el sentido del humor. Siempre que puedo las sigo ahora en directo para huir del griterío confrontacional del Congreso. La capacidad de los gobernantes para soportar una crítica es una vieja prueba de resistencia democrática.

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