Inteligencias en la sombra

No estaban capacitados para hacer su trabajo: consistía en trabajar por el bien común

Inteligencias en la sombra
A la mañana siguiente, aparecen en pantalla pidiendo perdón, con ojos de resaca. Como si despertaran de una juerga adolescente que se les ha ido de las manos. Se acusan unas y otros del desastre ético y matemático. Los líderes y las lideresas de la izquierda de la izquierda despiertan, el día de después, con una iluminación: han dado un espectáculo lamentable. De pronto, se dan cuenta. Lástima que no lo notaran unas horas antes. Lástima que, en medio de la borrachera, no tuviesen un instante de lucidez para dejarle el volante a alguien con la cabeza fría, algún abstemio sin visión túnel. Pero la soberbia es lo último que se pierde: nadie se baja del asiento y resulta imposible evitar la colisión. Y mira que se veía venir. Era un desastre tan anunciado, de consecuencias tan peligrosas, que parecía increíble que no se pudiera parar.

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